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Simplemente las mochilas que te ayudan a cargar menos y caminar más cómodo.
La capacidad no depende solo de los días de ruta, sino del volumen total de tu equipo. Con un equipo ultraligero:
• 30–40 L: rutas cortas o minimalistas.
• 40–50 L: travesías de varios días con refugio y cocina.
• 50–60 L: rutas largas, climas fríos o equipo voluminoso.
Reducir volumen suele ser más importante que reducir peso de la mochila en sí.
La comodidad de una mochila ultraligera viene determinada por su sistema de suspensión y estructura, no solo por su peso. La mayoría de modelos están diseñados para trabajar de forma óptima en un rango de 8 a 15 kg de carga total, dependiendo del diseño y los materiales.
Superar ese rango reduce la capacidad de transferir el peso a las caderas, aumenta la presión en hombros y espalda y acelera el desgaste del tejido. Para mantener la comodidad, es clave respetar el peso máximo recomendado por el fabricante y ajustar correctamente la mochila según la carga real.
Una mochila sin armazón (frameless) prioriza la ligereza y está pensada para cargas ligeras, normalmente hasta 5–8 kg de peso total. En este tipo de mochilas, el propio equipo (como la esterilla o una correcta organización interna) aporta la rigidez necesaria. Funcionan mejor cuando la carga es compacta y bien distribuida.
Una mochila con armazón incorpora un sistema estructural (stays, frame o placa) que mejora la transferencia de peso hacia las caderas, aumentando la estabilidad y la comodidad con cargas medias, generalmente entre 9 y 15 kg, dependiendo del modelo. A cambio, añade algo más de peso a la mochila.
La elección depende del peso total que transportes, del nivel de compactación de tu equipo y del equilibrio que busques entre ligereza y comodidad en rutas largas.
La mayoría de mochilas ultraligeras son resistentes al agua, pero no completamente impermeables. Aunque algunos tejidos repelen bien la lluvia, las costuras, cremalleras y puntos de unión siguen siendo puntos críticos frente a filtraciones, especialmente en lluvia prolongada.
Materiales como Dyneema Composite Fabric (DCF), Ultra™ o X-Pac ofrecen una alta resistencia al agua y absorben muy poca humedad, mientras que tejidos como nylon o Robic® pueden empaparse con el tiempo si no tienen recubrimientos. En todos los casos, la impermeabilidad total depende más del diseño y la construcción que del tejido por sí solo. Aquí los modelos UL juegan con ventaja.
Para una protección segura del material, lo más efectivo sigue siendo usar un sacos de interior estancas o bolsas impermeables, que aportan impermeabilidad real con un impacto mínimo en peso, apenas unos cuantos gramos.
En mochilas ultraligeras, la opción más eficaz suele ser una bolsa impermeable de interior (nylofume). Al proteger directamente el material crítico, ofrece una impermeabilidad más segura con menos peso y sin depender del ajuste exterior.
Los cubremochilas pueden reducir la entrada directa de lluvia, pero suelen ser menos efectivos con viento, pueden desplazarse al caminar y no protegen completamente zonas como la espalda o la parte inferior.
Para rutas con lluvia frecuente o prolongada, un liner estanco combinado con bolsas impermeables para elementos sensibles (saco, ropa seca) proporciona la mejor protección con el menor impacto en peso y simplicidad del sistema.
Más que fijarse en los litros declarados, lo importante es el volumen real de tu sistema: refugio, aislamiento, cocina y comida. Las mochilas ultraligeras funcionan mejor cuando el equipo es compacto y compresible.
Si tu equipo ocupa demasiado volumen, la mochila quedará forzada, perderá estabilidad y será menos cómoda, incluso aunque el peso esté dentro del rango recomendado. Una menera de saberlo es usar bolsas de basuras de diferentes tamaños para saber la capacidad real de material.
En terrenos técnicos, irregulares o con mucho desnivel, la estabilidad de la carga es clave. Una mochila bien ajustada y con un reparto de peso equilibrado reduce balanceos y mejora el control del cuerpo. Sobretodo en descensos.
En rutas más rodadoras, tipo camino De Santiago, se puede priorizar ligereza extrema. Cuanto más exigente es el terreno, más importante es una mochila que mantenga la carga estable y cerca del centro de gravedad.
El cambio suele tener sentido cuando el peso base del equipo está optimizado y se busca mejorar eficiencia y reducir fatiga en rutas largas. Pasar a una mochila ultraligera sin haber reducido antes volumen y peso del equipo suele generar frustración. Digamos que la mochila es de lo último que se cambia.
Cuando el sistema completo está equilibrado, una mochila UL permite caminar más cómodo con menos peso acumulado día tras día.
Las mochilas con ajuste de talla incorporan sistemas mecánicos adicionales (raíles, paneles móviles o anclajes regulables) para adaptarse a diferentes longitudes de espalda. Esto añade peso, complejidad y rigidez al conjunto.
En filosofía ultraligera, lo habitual es elegir la talla correcta desde el inicio y eliminar mecanismos de ajuste innecesarios. Quitar lo que sobra. Con cargas bajas y equipo optimizado, una mochila bien dimensionada transfiere el peso de forma eficiente al cinturón sin necesidad de sistemas regulables.
El ajuste de talla tiene sentido en mochilas pensadas para cargas más altas o uso generalista, pero no es lo propio en mochilas UL, donde se prioriza simplicidad, ligereza y eficiencia del sistema completo.